Ayer en la tarde que llegué a la casa, al abrir la puerta vi una especie de alfombra de pluma, en este caso, de paloma. Parecía una escena de esas películas en las que las pijamadas se convierten en guerra de almohadas y las plumas vuelan por todas partes, excepto que esta escena no era divertida, había una víctima. La pequeña paloma que cada tarde asechaba el plato del Carmelo para robar algunas croquetas fue víctima de su propio pecado. Es díficil determinar la manera en que este penoso suceso ocurrió, pero todo parece indicar que la paloma entró a la cocina para cometer el delito cuando fue sorprendida por el Carmen. Suponemos que en este primer encuentro la víctima sufrió algún golpe que seguramente la dejó aturdida y por eso le fue imposible escapar de las garras de su victimario. Al parecer fue perseguida por la cocina, el comedor y la entrada principal pues las plumas cubrían estos espacios... pero el cadaver se encontraba en el patio... quizá por el intento del Carmelo de enterrar y borrar la evidencia que lo inculpaba. De cualquier manera no podría ocultarlo, era evidente y fue condenado. Con sus abogados alegando defensa propia y de la propiedad, la pena se redujo a un discurso del respeto a otras especies y la abstención de rasquera por unas horas.
La paloma... descanse en paz.

¡¡El Carmelo tiene antecedentes (penales)!!
El Carmelo antes vivía con mi hermano y mi cuñada en Querétaro y hoy que se dio a conocer la noticia del cruel destino que enfrentó la paloma ayer en manos del Carmen, la verdad salió a la luz: en Querétaro Carmelo fue acusado del mismo delito, lo encontraron en la escena del crimen con la evidencia en sus manos.
Aunque, debo decir que me parece que allá las leyes son menos severas y hasta creo que lo hayan felicitado por su hazaña....
:O)
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