sábado, 1 de marzo de 2025

¡El pasado nos alcanza!



Hace casi 20 años, mi amiga me invitó a participar en su programa de radio. Era un programa de variedades en la estación de radio de la universidad. Para entonces, ya nos habíamos graduado hasta de la maestría, pero volver al alma mater era padrísimo.

Hubo de todo, como bien decía el promo: “consejos para la vida diaria, temas esotéricos y más”. Tuvimos invitados variados, temas muy divertidos en los que a veces de plano no dejábamos de reír, y otros más serios, notas culturales… en fin, era realmente como una canasta llena de fruta.

A petición de mi amiga, me di a la tarea de subir los programas que aún tenemos en CDs a un enlace donde ella pudiera descargarlos y subirlos a su canal de YouTube. Eso me llevó a escuchar algunos que ya ni recordaba, y ha sido una experiencia absolutamente divina. Es como encontrarme con mi yo de entonces y descubrirla desde otra perspectiva. El mundo ha cambiado tanto en este tiempo, y yo espero haber evolucionado con él hacia una mejor versión de mí.

Mi amiga, la poeta y escritora Paola Baños, los está subiendo a su canal, y aquí te dejo el enlace. Si te da curiosidad o quieres pasar un rato divertido, los puedes escuchar aquí:

https://youtube.com/playlist?list=PLY3vw5a4AcK0uDCu7inRTj7zdfv4qIaoD&si=fNh-GQZGzuvZfvv0

viernes, 28 de febrero de 2025

Resumen de los últimos años



En Julio 2015 regresé a México, se me estaba haciendo muy difícil vivir en Jeddah, no la vida en sí, sino la vida laboral. Era muy complicado, nunca pude adaptarme a la cultura laboral local o quizá solo de la empresa en la que estaba o la gente que me rodeaba. Por más esfuerzos que según yo hice, sentía que no avanzaba, que cada día era prepararme para una guerra que nunca iba a ganar, así que me armé de valor y renuncié.
Nunca pensé que me costaría tanto trabajo hacerlo, fue como dicen los gringos: an emotional rollercoaster. Así que una vez pasada la emoción, y con un gran sentimiento de logro, tomé mis dos maletas y regresé a México.
Estuve unos meses en Monterrey disfrutando mi familia, mi casa, mis mascotas, mi cerro y mis nubes que tanto extrañaba. 
Unos meses después fui a Panamá a visitar y a trabajar con mi mejor amigo, viaje a California a festejar mi cumpleaños 40; di clases de inglés, regresé a Panamá por otros tres meses, y mientras pasaba el tiempo y medio decidía qué hacer, el destino me encontró en LinkedIn otra vez. Recibí un mail,  buscaban Content Manager para KidZania, pero esta vez en Dubai y aquí estoy desde Septiembre 2017. No ha sido fácil pero sí ha sido una gran experiencia, tal como lo fue Jeddah. 

Ya son 7 años desde que llegué, es el trabajo que por más tiempo he mantenido; he conocido gente increíble, y por primera vez en mi vida laboral encontré un gran sentido de pertenencia, y con un propósito. Estoy estudiando Chino; entré a clases de Salsa; retomé el ballet (ya lo dejé); estoy en sesiones de Jumple; y se enrolé en un curso para convertirme en Beekeeper del que al terminar salí con 15 piquetes de abeja en el tobillo izquierdo y una perspectiva diferente sobre la miel y las abejas. 

Hasta aquí mi reporte Joaquin!
Espero retomar este espacio regularmente y compartir poco a poco mis experiencias en el Medio Oriente. 


miércoles, 27 de mayo de 2015

Servicio, servicio, servicio...

En los 52 meses que tengo en este país,  me parece que ayer por primera vez, experimenté un real y verdadero servicio al cliente.

Cuando se habla entre expatriados, especialmente mujeres, es común escuchar y decir que comprar aquí no es divertido. Entre los problemas de transporte, el reto del idioma (para la mayoría el inglés no es la lengua materna), y la actitud relajada y desinteresada de los dependientes en las tiendas,  la experiencia puede llegar a ser terriblement frustrante.

 Sephora, no hace mucho, que empezó a contratar mujeres. Por lo regular, me encontraba a estas mujeres jugando, maquillandose una a la otra, platicando entre ellas cada vez que yo buscaba algo; ninguna de ellas conocía realmente sus productos, ni sus marcas. En una ocasión la representante de Lancome insistía en que el producto que me estaba dando era el color que yo buscaba cuando yo perfectamente podía leer y ver que se trataba de otro tono completamente diferente.
Pues bien, ayer buscaba un desmaquillante con urgencia, y mi opción más cercana era Sephora.
Llegué con la misma actitud de siempre: autoservicio. Pero esta vez fue diferente y me sorprendió.
Mientras estaba yo en los mostradores de Urban Decay coqueteando con la opción de un polvo, se acercó una chica a ofrecer su ayuda. Me dejé ayudar, le hice un par de preguntas y finalmente acordamos en un producto y tono específico, dije que lo llevaría pero no había, así que ella me dijo "tengo el mismo tono en Benefit, ¿quieres verlo?" y al llegar a los mostradores, me dijo "veo que te gusta el maquillaje natural, ¿conoces estos productos?" y me enseño un par de cosas, los probó en mi mano, me explicó y obviamente me dejé convencer.
Después me presentó el polvo, varias opciones, me demostró como combinarlo con los otros dos productos que ya me había enseñado.
Finalmente preguntó "¿buscas algo más?" y recordé el desmaquillante, entonces ella me mostró la última maravilla en desmaquillantes de la misma marca, nuevamente me enseñó a usarlo y me explicó sus beneficios. Terminé comprandolo también.

Me sorprendió su amabilidad, su conocimiento de los productos, su iniciativa y su interés por ofrecerme algo que, según su observación, podría yo necesitar. Algo que nunca me había pasado en este país.
Ella aplicó muy bien algunos de los principios básicos de la atención al cliente:
1. Para empezar, ella estaba en Alerta. Algo con lo que yo siempre insisto a nuestro staff. Me vio dudando y se acercó, ofreció ayudarme y me convenció.
2. Al presentarse un problema, ofreció una solución. Eso sin contar el hecho de que respetó mi primera opción de marca.
3. Así, cuando no hubo lo que yo quería, tomó la oportunidad de enseñarme sus productos y hacer una venta para su marca.
4. Observó mi maquillaje. 
5. Usó sus conocimientos y observaciones para ofrecer productos complementarios.
6. Finalmente, para cerrar su venta, preguntó si yo necesitaba algo más, lo que me recordó la razón por la que fui a esa tienda y por supuesto me lleve el desmaquillante que ella me recomendó.

Es la actitud del empleado en el momento de la verdad, lo que marca la diferencia.

:O)

miércoles, 13 de mayo de 2015

Un chofer. Un choque cultural

Una de las primeras advertencias que recibí antes de venir a Saudí es que las mujeres tienen prohibido manejar; y la primer pregunta cuando lo platicaba es: ¿tampoco las extranjeras pueden? No, tampoco ellas pueden manejar, es parte de la cultura y de una ley no escrita.

Así que lo primero que hay que hacer es conseguirse un chofer que sea confiable, que hable inglés, que tenga experiencia, que conozca la ciudad como la palma de su mano y que, perdón que lo diga, no huela mal ni él ni su carro.
Usman y Kassim son dos de los choferes que me han prestado sus servicios en este tiempo y que cumplen algunos de los requisitos anteriores,sobre todo el último lo cumple muy bien.
Ellos no trabajan exclusivamente para alguien. Alguien o alguna compañía los patrocina y ellos buscan sus propios clientes. En el caso de Kasim, que tiene 20 años en Saudí, ser chofer es una forma de ganar dinero fácil, pero él tiene otros negocios: es socio en una pizzería, en un servicio de catering y en una pastelería; además ofrece servicios como contratista. Kasim cobra 100 reales (unos 420 pesos) por un viaje que un taxi de la calle cobra entre 15 y 25 reales (entre 63 y105 pesos); me ha platicado que una compañia para la que presta sus servicios regularmente como chofer, le ha llegado a pagar ¡hasta 8mil reales por mes (algo así como 35mil pesos)!
En una ciudad donde la oferta podría superar la demanda ya que muchos expatriados optan por esta opción, no es fácil encontrar alguno. En los dos años y más que tengo aquí he pasado por 3 de ellos y una multitud de taxistas que de tanto coincidir se convierten en regulares.

Tener alguien que te lleve a donde quieras, a la hora que quieras, que te deje y recoja en la puerta de la casa, de la oficina, del restaurant o la tienda, suena como practicamente una bendición. Además no tienes que preocuparte por poner gasolina, o dar servicio al carro, por dónde te vas a estacionar o por si te multan. Se vive libre de todas las presiones que significan manejar tu propio auto. 
Bien, pues como todo, la realidad es otra historia... los choferes aquí son unas princesas, una se tiene que ajustar a sus horarios, su disponibilidad y si están de modo o no para dar el servicio. Al principio suelen ser muy atentos y dispuestos casi a todo, pero una vez en confianza empiezan a ponerse sus moños: no pueden a ciertos días, a ciertas horas... y como ley de murphy, cuando más tienes prisa o tienes que llegar a cierta hora: aeropuerto, trabajo, juntas.. algo pasó y ¡no llegan! 
Las familias locales tienen choferes que trabajan permanentemente para ellas, el patriarca es el patrocinador del chofer en el país. Una de mis compañeras me ha platicado que si ella le llama al chofer y ella no baja en cinco minutos, el chofer se va.. ¿a dónde? sólo él sabe, pero se desaparece y no contesta el teléfono y además se queja con el papá de ella, de que lo tienen esperando. Otra compañera dice que el chofer puso la regla de "no servicios después de media noche"... supongo que suenan razonables las justificaciones pero entonces ¿de qué sirve tener un chofer privado si no dará el servicio cuando se requiere?

Pero lo más frustrante de todo es la sensación de que has perdido tu libertad, esa libertad de ir a donde quieras a la hora que quieras, poner tu música favorita y cantar a todo pulmón en horas pico; esa sensación que dicen los expertos, te hace sentir en tu propia burbuja, sólo tú, el camino y tu inseparable compañero: tu carro!!

Esta entrada está dedicada a mi italiano, a mi Palio, a quién extraño tanto.

:O)


lunes, 2 de marzo de 2015

De matrimonios y amores...


Mi mamá contaba la historia de su abuela:
Puebla, 1915, llegó un militar a tocar la puerta de la casona con balcones frente al parque, pidiendo hablar con el padre de familia para pedir a su hija en matrimonio. Con once hijas el patriarca no dudo en aceptar, así que preguntó ¿con cuál de ellas?
Pasaba por ahí la abuela de mi mamá, el joven la vio y dijo “ella”;  “Sara, te casarás con este joven”, “¡Sí, papá!” respondió Sara sin chistar.
Mi mamá sorprendida preguntaba ¿pero por qué dijiste que SÍ, si no lo conocías? La respuesta venía acompañada de una lección: “porque yo era obediente, ¡no como tú que eres respondona!” Además agregaba, “era muy guapo”.
Imagino que historias como esa hay miles entre nuestras familias, sobre todo entre los bisabuelos o tatarabuelos, quizá las conocemos, quizá no.

Hoy me acordé de esta historia porque hoy la volví a escuchar, solo que en un contexto un poco diferente.

Jeddah, 2015, se recibe una llamada “estoy interesada en su hija menor para mi hijo, iré el Domingo a evaluarla”
Por tradición saudí, es la madre quien selecciona la esposa para cada hijo varón. Puede ser por recomendación de alguien cercano, o porque la ha visto antes.  
Domingo por la tarde, llegó la madre y las hermanas del posible esposo para mi amiga, ellas la observan, le hacen preguntas, la evalúan y se van.
Días después, si es que realmente les interesó, vuelven a llamar para solicitar una respuesta por parte de la familia o la posible novia. La familia de mi amiga no es tan conservadora pues al final ella ha podido tomar una decisión que su mamá dará a conocer cuando los interesados llamen.
Existe también el otro lado de la historia, mi amiga tiene un novio que por ahora está en Estados Unidos, ella ha esperado por dos años que él la pida en matrimonio, a raíz de la experiencia del Domingo, ella habló con él para definir su futuro, él finalmente confesó que lleva dos años tratando de convencer a su mamá de que mi amiga será buena esposa, ella se niega a aceptar diciendo que por ser él su hijo mayor, ella es quien debe seleccionar la esposa para él.

La historia de Sara sucedió hace 100 años y, aunque a mí me parece increíble, en algunas partes del mundo se sigue repitiendo.

Curiosamente en este país, en promedio se registran más divorcios (40) que matrimonios (20) por día. El tema del divorcio en Arabia Saudí es común en las noticias, el incremento en el número de divorcios en los últimos años es un tema común de debate, preocupación  y estudio. De acuerdo con la página wikiislam, Arabia Saudí tiene el segundo mayor número de divorcios en el mundo.